Vísperas
Publicado en Qué escribimos el 15 de Febrero de 2010 por admin – 2 CommentariosFélix Bornstein (*)
Queda ya muy poco para el arranque de Cuarto Poder y, dentro de las páginas virtuales de este nuevo periódico, para el inicio de Luz de cruce, un blog que tratará de algunos aspectos de la economía y de los tributos. Si yo pudiera elegir la fecha precisa, el día de la semana, no lo dudaría: Cuarto Poder saldría a la circulación un viernes. ¿Qué más dará un día que otro? ¿Por qué desechar un martes o un jueves, o cualquier otro día de la semana aunque no sea viernes? Cualquier día es bueno, en efecto. Sin embargo, para mí, ese día caerá en viernes, diga lo que diga el calendario. Ser “venusino” es darle un abrazo simbólico a la ilusión que me proporciona emprender este nuevo viaje profesional con los amigos y compañeros de Cuarto Poder, un sentimiento nada metafórico que, precisamente por comenzar su andadura un viernes imaginario, demanda una explicación más objetiva por mi parte.
Que Luz de cruce nazca a las puertas de un fin de semana todavía invernal en el que la luz diurna aún no alcanza mucha intensidad y se apaga cuando la tarde y la noche no terminan de distinguirse del todo, me parece un augurio feliz. Comparecer ante ustedes desde ese viernes subjetivo, no con una carta de intenciones como ésta, sino con análisis textuales de la realidad económica, es, para mí y desde hoy mismo, el presagio de una buena amistad. Intentaré justificar esta presentación irracional para que no se considere, en el mejor de los casos, una expresión de optimismo infundado ni, en el peor, un síntoma de locura.
Según una vieja cultura que todavía permanece entre nosotros, el rito de las festividades del pueblo que la ha sostenido debe observarse desde la víspera. La fiesta se inicia al declinar la tarde del día anterior al propiamente festivo que viene marcado en el calendario. Por eso en invierno la fiesta llega antes. A esta rareza hay que añadir otra que, a diferencia de la primera, ya no rinde culto a la oscuridad y a las luces de cruce sino a lo más cotidiano de la vida: la festividad más sagrada para los individuos que integran esa cultura no es un tiempo extraordinario separado del tiempo corriente con la finalidad de recordar una gesta o el nombre de un dios (aunque algunos lo afirman), sino un día que invariablemente se repite una semana tras otra. Ese día es el sábado.
El sábado se ha hecho para el descanso y para compartir la amistad, dos acciones humanas que significan lo mismo. Ambas necesitan cruzar durante al menos un día la frontera que separa el territorio del trabajo que finaliza al terminar la semana y el próximo escenario en el que la labor se reanudará coincidiendo con el inicio de una nueva semana. Descansar y compartir la amistad necesitan un espacio en blanco, un tiempo de reflexión, por muy corto que sea, para comprobar si el individuo y el pueblo van por buen camino o, por el contrario, si les conviene cambiar. Como Luz de cruce quiere ser un palenque para el debate de ideas y hechos de la economía, ese viernes simbólico que anunciará la aparición de la fiesta debería servir, entre nosotros, de víspera y pretexto bienintencionado en pos de un cambio profundo respecto a la concepción de las relaciones sociales que han destruido la certeza que muchas personas, quizás la mayoría, tenían hasta ahora sobre su idoneidad para regir el sistema económico. Luz de cruce, naturalmente, no va a modificar ninguna realidad, sólo pretende, y además modestamente, cobijar en su marco los intercambios de ideas de una comunidad sentimental que pronto empezará a caminar. Luz de cruce sólo aspira a iluminar alguna oscuridad, empezando por mis propias sombras.
Los que somos partidarios de la libertad consideramos el mercado como una institución deseable en la que desembocan también acciones erróneas e innobles, no como una ficción angélica alojada en el cerebro de los que nunca se equivocan y dirigen siempre sus dardos inquisitivos contra los que no son de su opinión, yerren o no. Los que desde hace muchos años vienen disparando su artillería ideológica contra todo intento de regulación o intervención en los mercados, desacreditando sin escrúpulos lo que ellos entienden como una intromisión de los poderes públicos, acaban de detectar que la culpa de la actual catástrofe financiera la tienen los Estados y sus agencias por su mala cabeza, por su pésima regulación de los actos que confluyen en esos mercados. Tendrían algo de razón si admitieran la posibilidad de que el interés particular no es un ente infalible de autorregulación económica que, compareciendo en los mercados, contribuye ineludible y decisivamente a asignar los recursos y los factores de producción con la máxima eficiencia, racionalidad y sin perjudicar nunca a los demás. Sin embargo, la historia reciente nos dice que en los mercados se ha escrito en los últimos tiempos más de un crimen. Cosa que los partidarios de las economías de la oferta nunca reconocerán porque en realidad su concepción del mercado es una ficción necesaria que aducen en el debate para encubrir los desmanes reales de algunos mercaderes a los que aquellos, impersonalmente, nunca identifican. Sólo identifican los impuestos, sean los que sean, como un robo a la propiedad privada.
En Luz de cruce propongo discutir amistosamente sobre qué es lo que se ha hecho mal en esta última etapa de la globalización de todas las esferas de la vida y sobre lo que habrá de hacerse en el futuro para lograr unas relaciones económicas más justas y, por tanto, más sólidas. Con la vista puesta, de manera selectiva, en la economía de nuestro país y en la sociedad española. Defenderé la institución del mercado con la advertencia que en su día hizo la gran Joan Robinson, que fue la mejor discípula de Keynes y la mejor maestra de Amartya Sen en la Universidad de Cambridge. Adam Smith estaba en lo cierto, decía Robinson, al sostener que la mano invisible del mercado procura indirectamente la satisfacción del interés general. Pero, por muy invisible que sea esa mano, si se la deja suelta puede estrangular a unos cuantos desdichados.
(*) Publicado en Luz de cruce, un blog de Cuarto Poder.




