
"Sin título", obra del pintor y escritor haitiano Franketiénne (Puerto Príncipe, 1936)
Elvira Huelbes (*)
Los trabajos de recuperación de la vida y la cotidianidad siguen en Haití. Milagrosamente, aún aparecen personas vivas entre los escombros y los equipos de ayuda trabajan todavía, ante el espectáculo de caos general, para ver si restauran algo de lo que pueda considerarse normalidad en aquel pobre país. Pero la realidad es terca y en Haití es, además, dura. Los haitianos están peor de lo que estaban antes del terremoto, pero ya no creo que esperen estar mucho mejor de lo que estaban antes, que era muy mal. Los líderes internacionales andan en otros asuntos y no pueden perder más tiempo con éste.
Lo único que parece no necesitar restauración ni ayuda en Haití es la cultura. El ser humano necesita pensar aunque esté sometido a un régimen tiránico o corrupto, aunque el hambre le arañe el estómago o la pena le impida respirar. O precisamente por eso. Hace poco, un escritor haitiano, René Dépestre, ha afirmado en España que el suyo “es un país de un gran imaginario cultural y eso es lo que va a salvarlo”. Dépestre, que habla español como muchos haitianos educados, cree en la máxima gramsciana del optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la razón. Impresionado, cuando niño, por la noticia de la muerte de García Lorca, su vocación literaria se vio desde el principio interferida por su credo comunista, si bien, la vida y los años le han hecho abandonar. Dépestre cree que de nada vale disponer de aeropuertos ultramodernos “si no tenemos los `airbuses´ de la imaginación para despegar”. Es una constante de la que participan otros intelectuales africanos; sí, el desarrollo es importante pero la carrera alocada del progreso puede no sacar a la gente de la miseria. De eso sólo los mandamases se benefician realmente.
Los que conocen la literatura haitiana coinciden en que Jean Métellus (Jacmel, 1939) es el más importante de sus representantes. Métellus ha apelado por la creación de un Tribunal Internacional contra la Corrupción porque ya se está viendo cómo los de siempre se enriquecen con la ayuda que quiere socorrer a los más necesitados. Autor de Haití, una nación patética (2003), el escritor, que vive en París desde que cumplió los 20, ha declarado recientemente (ABC) que estaría dispuesto a sumarse a “un proceso de apoyo solidario y democrático con condiciones”.
Franketiénne (Puerto Príncipe, 1936) es pintor, músico, poeta, dramaturgo y novelista en francés y en lengua criolla. Como Dépestre, combatió desde dentro las dictaduras haitianas. Fundó el movimiento Spiraliste y el Grupo Haití Littéraire. Su empeño es alertar de la necesidad de “edificar un nuevo humanismo”, capaz de equilibrar los desajustes de la deriva humana. Para él, la mayor crisis que vive el mundo ahora es la cultural, “la crisis de civilización, con mucha responsabilidad de las potencias occidentales”.
La diáspora es un asunto recurrente entre los intelectuales haitianos que se han visto obligados a exiliarse y cuyo anhelo por volver se ve aplazado sine die por las circunstancias políticas y sociales de su país. Entre los más jóvenes, destacan varios escritores que han recibido apoyo en Francia y Canadá, donde viven. El más notable es Daniel Laferrière (Puerto Príncipe, 1953), Premio Médicis 2009 por L’ énigme du rétour; de su actividad en el cine, también ha sido premiado en el Berliner Festpiele, 2006. Hay que mencionar a un joven escritor, Jan Dominique, autor de Memoirs d’ une amnésique, novela en la que el autor no renuncia a la exposición de problemas políticos y sociales a través, en su caso, de los ojos de una niña.
Entre los que se han quedado, está Yanick Lahens (Puerto Príncipe, 1953) que vive en la capital atareada en actividades culturales y ciudadanas. Su primera novela, Dans la maison du père es un bildungsroman de una joven que crece en el seno de una familia burguesa en los años 40. Otro porteño que eligió vivir en Haití, donde es profesor, Lyonel Trouillot (1956), fue premiado en Francia por su novela Yavanlou pour Charlie (2009). Una escritora consagrada es Paulette Poujol-Oriol (Puerto Príncipe 1926), reducida a unos pocos lectores ya que escribe en francés y criollo sin concesiones al lector no haitiano.
Entre los desaparecidos, cabe destacar a Marie Vieux Chauvet (Puerto Príncipe, 1916- Nueva York, 1973), que escribe sobre la violencia ejercida contra los más débiles: mujeres, desheredados y pobres. Luchadora por la igualdad y la justicia, Chauvet escribe sobre la miseria de sus compatriotas en La légende des fleurs o La dance sur le volcan. Fundó y cultivó un salón literario. Marie Thérese Colimon (Puerto Príncipe 1918-1997) escribió Fils de misère, novela calificada por los críticos de aguda visión de la lucha de los haitianos contra la pobreza.
La última muerte ha sido la del poeta haitiano-canadiense George Anglade, al que el terremoto se llevó por delante junto a su mujer cuando rendía una visita al país como participante en un encuentro, Viajeros sorprendentes, de 50 escritores de dentro y fuera del país. Geógrafo de profesión, se había exiliado en 1965 a Francia, instalándose en Canadá cuatro años después, donde cofunda la Universidad de Québec. Había asesorado a Aristide y a Préval, actual presidente de Haití.
De la pintura y la música haitianas se sabe posiblemente más en España. Algunos pintores -como Alphonce Frizner- han expuesto en nuestro país. Interesan las visiones pictóricas de artistas como Wilfried Louis, Préféte Dufaut o Reynald Joseph, por mencionar sólo unos cuantos. En cuanto a los ritmos del kompa y el zouk son conocidos de los amantes del son afrocaribeño.
(*) Publicado en Otro milagro, blog de Cuarto Poder.